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Programa General
Antecedentes
El concepto de desarrollo ha experimentado variedad de transformaciones, si bien algunas veces éstas no se han dado en forma sucesiva. Para los fines de este documento hacemos un breve recuento de las principales transformaciones del concepto, sin perder de vista que cada vez son más las formas de comprenderlo.
Así, podemos afirmar que hacia la década de los cincuenta, predominaba un concepto economicista del desarrollo que tenía como meta el progreso material. Más adelante, hacia los años ochenta, se impone el concepto de desarrollo humano y luego, gracias, especialmente a la Cumbre de Río en 1992, el de desarrollo sostenible, dentro del cual la cultura juega un papel esencial, como lo establece el Plan de Acción de Estocolmo de 1998 al afirmar que “el desarrollo sostenible y el auge de la cultura dependen mutuamente”.
CONGRESOS INTERNACIONALES "CULTURA Y DESARROLLO"- La Habana 1999/2005
FORUM BARCELONA 2004 - El DIÁLOGO SOBRE DERECHOS CULTURALES Y DESARROLLO HUMANO, llevado a cabo entre los días 23 y 27 de agosto en el Centro de Convenciones del Fórum Universal de las Culturas de Barcelona, ha dejado un mensaje claro: la diversidad cultural es una herramienta clave e indispensable para el desarrollo humano. Es imprescindible pasar del debate a la acción y en este campo deben involucrarse todos los actores: artistas, gobiernos, instituciones internacionales y la sociedad civil en conjunto.
Fundamentos:
Los modelos de desarrollo producidos desde 1970, pese a sus constantes revisiones, no han logrado en absoluto responder a las expectativas que habían suscitado. No faltará quien afirme que ello se debe a que el propio desarrollo se ha definido en términos exclusivamente materiales (por ejemplo, número de embalses, fábricas, viviendas, cantidad de alimentos y agua ), aunque se trate de bienes a todas luces vitales.
La UNESCO defiende la causa de la indivisibilidad de la cultura y el desarrollo, entendido no sólo en términos de crecimiento económico, sino también como medio de acceder a una existencia intelectual, afectiva, moral y espiritual satisfactoria. Este desarrollo puede definirse como un conjunto de capacidades que permite a grupos, comunidades y naciones proyectar su futuro de manera integrada.
La cultura interactúa con las otras dimensiones del desarrollo, a la vez que permea las influencias de cada esfera sobre el campo de oportunidades y libertades de las personas. Es decir que la cultura desempeña el papel de filtro o catalizador social con respecto a los estímulos que provienen de los sistemas políticos, económicos, tecnológicos, educativos, ecológicos y de salud.
En ese sentido es que cada vez se vuelve más necesario estudiar el desarrollo en su vínculo o dimensión cultural, a fin de identificar y potenciar los elementos que aseguren una legitimación ciudadana que permita y forje un cambio social hacia el desarrollo humano.
La cultura como eje integrador del desarrollo
En su acepción más antigua, la cultura fue entendida como el resultado del “cultivo” de la sociedad humana de modo que los que carecían de ella eran “bárbaros” o “salvajes”. La cultura fue vista como el paso del estado natural al estado humano, del reino del instinto al de la moral y la razón. Hoy se sabe que no hay “primitivos” y “civilizados”, que todos los grupos humanos participan de una cultura con racionalidades a veces sensiblemente diferentes, cuya riqueza, sin embargo, se encuentra precisamente en la diversidad de sus recorridos y de sus hallazgos (Leyva 2000).
En un sentido amplio la cultura se entiende, hoy día, como modo de vida y forma de convivencia, que comprende los valores que la gente posee, las formas como se relaciona con los demás, sus saberes, sus tradiciones y la creatividad con que responde a situaciones nuevas (UNESCO 1998).
Desde un punto de vista más sociológico, la cultura puede asumirse como el orden de vida en que los seres humanos confieren significados mediante la representación simbólica (Tomlinson 1999:21)
Aunque en principio existe un consenso general en considerar la cultura como el conjunto de las realizaciones humanas, cuando se trata de abordarla en las sociedades actuales, es frecuente que su espacio pretenda ser reducido a las tradiciones populares, a la educación, y al arte. Por ello es preciso reiterar que la cultura involucra los valores, las conductas, las instituciones, los saberes y capacidades, entonces las dimensiones de la cultura se manifiestan en la política, la economía y la vida social en general. Por otra parte, también la antropología moderna tiende a cuestionar la idea tradicionalista de la cultura. Porque si bien la cultura es un legado de tradición que viene del pasado, también lo es la dinámica con la que las generaciones vivas reciben los estímulos del presente y renuevan ese legado. Cabe decir que la cultura es un proceso activo mediante el cual los grupos humanos responden a necesidades colectivas del presente.
Desde el paradigma del desarrollo humano se entiende que el objeto de las estrategias de desarrollo lo constituye la ampliación de las oportunidades de las personas para la plena realización de sus potencialidades y el disfrute de sus libertades, y no simplemente el aumento de sus niveles de ingreso. Bajo esta óptica, la cultura es un medio para ampliar las opciones y libertades de las personas, pero también su disfrute: es una libertad en si misma que debe ser garantizada por los procesos de desarrollo. Esta nueva concepción de la cultura lleva a que la misma pueda convertirse en un eje integrador de las intervenciones del desarrollo, a partir del reconocimiento de que el tejido social no es sólo el resultado de fuerzas socioeconómicas, sino que es esencialmente un producto de la dinámica cultural.
Tomar en cuenta la cultura en las acciones para mejorar la calidad de vida de las personas, implica adaptar los modelos de desarrollo a las instituciones, la historia y las tradiciones de las distintas sociedades. En la cohesión social que requieren las sociedades, la cultura tiene un papel relevante, por cuanto es un factor esencial en la formación y utilización del capital social. De ahí que la cultura sea un elemento clave en la lucha contra la pobreza y en la formación de valores en los que se funda y desarrolla una nación. Por ello no debe verse sólo como generadora de creación artística sino como depositaria de valores (Kliksberg 1999).
Así, la cultura puede ser vista como una plataforma para construir un nuevo modelo de relaciones humanas que hagan posible el desarrollo sostenible, para lo cual es condición ineludible la aceptación de la diversidad cultural y la aceptación del otro, como determinante de la convivencia social. El término “convivencia” procede del latín convivere , que significa reunir a las personas para un banquete. Por su parte, “vivencia”, en español, significa adquisición de experiencia del mundo, por lo que “convivencia” no sólo significa vivir juntos, sino que puede ser también interpretada como compartir la experiencia de la vida. En tales términos, la convivencia podría servir como principio rector de la permanente transformación cultural que se advierte en la era de la globalización (Arispe 1998).
Población Objetivo:
Destinatarios Directos: Directores de Cultura, agentes de la administración publica, responsables políticos, lideres comunitarios, estudiantes universitarios y de postgrado, artistas, académicos, investigadores, miembros del sector privado, asociaciones civiles.
Destinatarios Indirectos: Comunidad de la Región Metropolitana Norte, ciudadanía en general, redes y organismos de cooperación.
Objetivos Generales:
Con el objetivo de propiciar el encuentro e intercambio entre promotores y gestores de América Latina y Europa, con promotores y gestores de la Provincia de Buenos Aires y del medio argentino, en este espacio se buscará:
Responder y dar continuidad a procesos ya iniciados el Dialogo sobre Cultura y Derechos Cultura del Forum Universal de las Culturas en Barcelona 2004 para los que este programa puede representar un avance y una contribución concreta.
Posibilitar el intercambio de experiencias, la discusión y confrontación de ideas, la visualización de buenas practicas, en un espacio para la reflexión sobre el la estrecha relación entre la cultura y el desarrollo, generando alianzas que fortalezcan su abordaje.
Innovar y abrir nuevos espacios para el diálogo, además de fomentar la transferencia de conocimientos, el intercambio de experiencias y la construcción de proyectos comunes para crear nuevos imaginarios de cooperación directa y efectiva.
Dotar de visibilidad a las diferentes experiencias que se vienen desarrollando desde las organizaciones culturales en la Región.
Es importante destacar que las actividades se realizan con la finalidad de que se fortalezcan y enriquezcan líneas de trabajo orientadas a la capacitación, formación y encuentro de los actores culturales, a fin de impulsar políticas y proyectos culturales enfocados al desarrollo de sus respectivos obras.
Coordinación: 
Coordinación académica y programática: Mg. Romina Bianchini, Coordinadora de la Plataforma Internacional de Gestores Culturales PROYECTA CULTURA
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